El banquete de los números

Las armas y las letras, el mundo ideal y el comercial, la cara y la cruz o lo que es lo mismo, las palabras y los números… Pertenezco a una categoría personal, o simplemente a un grupo de gente, que se sintió tempranamente excluida de las ciencias y dedicaron su pasión y sus ansias de aprendizaje a las letras. La química me dejó acercarme a la tabla periódica, pero la física se empeñó en no admitirme en su arcano mundo y las matemáticas se negaron a permitirme entrar en su país. Y lo que durante mucho tiempo fue un motivo de orgullo ha terminado convirtiéndose en una especie de vergüenza y en la conciencia de que a mi armario mental le faltan algunas patas.

Me gustaría saber de matemáticas, entender leyes físicas y ser capaz, a veces, de ver la vida como una científica. Me gustaría entender las emociones como Antonio Damasio, acercarme al comportamiento de los animales como Frans de Vaal y entender la relación de las matemáticas y la poesía… Va a ser difícil remediar mi falta de una mínima formación científica, pero por lo menos, me digo, he dado un importante primer paso : ya no me dan miedo las ciencias y ya no las percibo como algo lejano, complicadísimo y absolutamente fuera de mi interés y mis intenciones.

Para todos los aquejados de aritmofobia en mayor o menor grado, les recomiendo un capítulo de nuestro querido Pequeñas historias de banquetes : un brevísimo atisbo de cómo las cifras ordenan nuestro mundo y organizan nuestras vidas. Semanas de siete días, años de doce meses, cenas y banquetes del mismo número de comensales… Quién puede pensar que todo es una casualidad.

La ilustración que acompaña esta entrada corresponde a los planos del castillo de Krzytopor, la locura de un gobernador polaco que construyó en el siglo XVII su peculiar reducto : diseñado en forma de calendario con cuatro torres que representaban las cuatro estaciones, y 12 salones para cada mes, 52 estancias para cada semana y 365 ventanas para cada uno de los días del año, con un cuarto adicional que solo podía usarse en días bisiestos. Hoy el castillo son unas bellísimas ruinas que se pueden visitar desde el ordenador, y sí, también un buen ejemplo de la belleza de los números. Justo de lo que quería hablar en esta entrada.

Dahlbergh_Krzyztopor

Di Erik Dahlberg – http://www.muzeum-polskie.org/muzeum/dahlberg4.htm, CC BY-SA 2.5, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1412471

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