Banquetes y carreras

Como tres millones de personas en este país, como Haruki Murakami, como famosos y no famosos, administrativos, enfermeras y estudiantes, como adolescentes con visera y señores maduros que aparcan su coche, como deportistas en ciernes y descreídos sobre zapatillas… Sí, soy una más de los que corren, ese ejército que a veces provoca orgullo y otras veces cierta vergüenza porque una se pregunta hasta qué punto la moda, esa ola invisible que maneja algunos de nuestros maremotos, es culpable de que tantas piernas se empeñen en doblegar el asfalto.

No voy a contar todo lo bueno que acarrea correr; al fin y al cabo, eso casi forma parte del archivo privado de cada persona, de cómo decida cuidarse, alimentarse y vivir. Lo que me ha hecho conectar mi afición con el motivo principal de escribir aquí es darme cuenta de que correr es un espacio maravilloso para pensar. Al final todo es una cuestión de conectar: un libro con un blog o una afición con una necesidad. Cuando corro, pienso, y es una manera maravillosa de pensar libre de interrupciones y entretenimientos, con la única compañía del horizonte y la vigilancia de viandantes y semáforos en rojo. Así que mucho de lo que escribo comienza ahí, en ese momento de soledad y de concentración en que el futuro es respirar y dar una zancada más.

Pero resulta que he descubierto que también se puede correr entre viñedos, y en esa combinación no había caído yo nunca. Así que en la carpeta de sueños pendientes puedo guardar esta carrera por Lanzarote, o esta otra por el Médoc, en Francia. Está claro, una copa de vino allana el camino, la carrera y la literatura. Estos maridajes son una manera estupenda de abrir los ojos, ¿verdad?

Me retiro hablando otra vez de correr con las palabras prestadas de una escritora a la que hay que leer siempre que sea posible: Leila Guerriero. Lo expreso perfectamente en un artículo muy corto que recomiendo encarecidamente: “Corro para aprender a aguantar lo que no se aguanta, para no llegar a ninguna parte, para romper el insano silencio del mundo.” Pues exactamente eso, aquí estamos, corriendo y celebrando banquetes para dejar nuestro sonido en este mundo.

Betty_Cuthbert

Estatua de Betty Cuthbert fuera del Melbourne Cricket Ground. Escultor: Louis Laumen.

By Melburnian – Own work, CC BY 2.5, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1259867

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