Un banquete infantil

Escribo esta entrada un día que no debería de olvidarse: sería genial que esta fiesta se recordase mucho más a menudo y estuviera más presente en nuestro día a día. Y por eso hoy, cuatro días después, hablo de libros infantiles… Sí, los banquetes también tienen su propio espacio en el maravilloso mundo de la literatura infantil y juvenil.

No es necesario bucear demasiado, tan solo una pequeña inmersión y llego a un primer encuentro con un personaje tan chusco como entrañable: el inefable Carpanta, ese vagabundo moderno que siempre estaba persiguiendo a un pollo asado con una pinta muy apetecible. Carpanta se perdía en los espejismos de los banquetes: intentaba encontrar el definitivo pero siempre tenía más hambre o peor suerte en su aventura de encontrar comida.

Pero hay muchos más festines deliciosos en este hilo, y siguiendo solo el rastro desordenado de mis recuerdos me remito a Hansel y Gretel y la maravillosa casa hecha de chocolate o mil sustanciosas golosinas. O a Los Cinco y sus estupendas meriendas de sabores exóticos como el jengibre y los sándwiches de pepino. Y a mis queridos aventureros del país vecino, que deleitaron mis lecturas como editora, comiendo unos bolos de arroz mientras desentrañaban misterios. Parece que los personajes de estos auténticos best-sellers de la literatura infantil y juvenil tienen muy claro que con comida todo sale mejor. La lista es larga, muy larga, y les dejo aquí un enlace genial que va acompañado de un aplauso lleno de admiración y del grato asombro de volver a descubrir que internet puede ser una imprescindible enciclopedia.

Termino contándoles que la sabia enseñanza de lo bien que conviven los banquetes con los libros también acompaña a la lectura de los adolescentes: hace no mucho descubrí que en las croquetas se condensa todo un universo: la ausencia, la familia, el amor, la comunicación, lo que se dice y lo que no se dice… Es decir, como en un banquete en el que se habla y se calla, se come y se bebe, se comparte y se aprende… Su autora lo cuenta muy bien aquí.

Y todos podemos contar algo de nuestros propios banquetes infantiles: basta con abrir un libro y elegir la apropiada compañía. Yo, por ejemplo, tenía una inexplicable preferencia por mezclar páginas con uvas cuando era una niña, y ahora tiendo a compartirlas con infusiones. Son banquetes para dos, pero, ¿quién dijo que tuvieran que ser multitudinarios? ¿Y quién puede asegurar que la tinta también es pura veritas? Yo estoy segura de ello desde que aprendí a leer, justo cuando mis libros pertenecían a la gran etiqueta del libro infantil y juvenil.

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(By Zelda F. Scott – Own work, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=8849578)

 

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